La historia de Agustín Pastoriza, la joya argentina del Betis

El 18 de mayo de 2014 no fue un día cualquiera para los habitantes de Adrogué, localidad ubicada a 23 kilómetros del sur de Buenos Aires, Argentina. Fue la fecha elegida para que uno de sus hijos, Agustín Pastoriza Pibe, debutase en la Primera División del fútbol español. El escenario elegido, el Estadio el Sadar, último testigo de la imparable progresión de este zurdo argentino de nacimiento y gallego de adopción. “Fue algo increíble, algo que busqué durante muchos años. Fue un momento emocionante. Esperaba poder jugar, pero no tanto, quizás diez o quince minutos”.

Pastoriza

Nacido a comienzos de 1996, Agustín Pastoriza emigró hace 12 años junto a sus padres, Daniel y Alejandra, rumbo a Galicia, a la espera de encontrar un próspero futuro. Con tan solo cinco años, Pibe, tal como lo apodan en España, aterrizó en Cambados, paisaje en el que empezó a superar escalones en su madurez futbolística. La cantera del club de Burgáns, A Seca, Arosa y Pontevedra, fueron los lugares elegidos por este futbolista que se define como “habilidoso, rápido y con buena técnica” para ir rellenando de fe el equipaje que había amarrado a su espalda dirección a España. Cualidades que llevaron a Gabriel Humberto Calderón a hacerle debutar el pasado domingo en Pamplona. “Me dijo que confiara en mí, que hago lo que hago en los entrenamientos. Los compañeros también me dijeron eso, que estuviera tranquilo y jugase como en los entrenamientos”.

Fue el pasado verano cuando Guillermo Fernández Romo, segundo entrenador del Betis B y extécnico del Pontevedra y Villalonga, echó el ojo a este diamante en bruto que ya había debutado en Tercera División con el bloque granate siendo juvenil de primer año en un partido ante el Barbadás. No es de extrañar pues que una de las primeras interrogaciones lanzadas por su descubridor al acabar el pasado domingo el enfrentamiento entre el filial de Óscar Cano y el UCAM Murcia CF era si había debutado su protegido. Un estreno, que a pesar de las apariencias, no resultó tan sencillo. “Al principio estaba un poco descolocado y nervioso por la gente, pero cuando empecé a tocar balón me sentí normal, como siempre. Era el primero paso que había que hacer, ahora toca mantenerse si se puede”. Y es que cuando el Betis llama a tu puerta, la renuncia no aparece en el diccionario. “Era algo a lo que tienes que decir sí o sí. Es algo que buscas durante muchos años. Es una oportunidad única”.

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Del cómo Pibe llegó a Sevilla habla el propio Guillermo Fernández Romo. “Fue un seguimiento de varios años. He trabajado en Galicia, en el Celta y el Pontevedra durante tres años. Ya le conocía de su etapa cadete. Cuando cogí las competencias de la captación de la zona de Galicia para el Betis, tenía claro que había que traerlo porque era diferente y teníamos la posibilidad de anticiparnos a equipos como Celta y Villarreal. Desde el primer momento, me llamó mucho la atención. En cualquiera de los equipos en los que estuvo tenía mucha facilidad para hacer gol y desequilibrar. El año pasado empieza en el Juvenil B de Liga nacional y mete once goles, con el División de Honor 9 tantos y con el Pontevedra B hizo 4. Todo eso hasta que acabó debutando con el primer equipo del Pontevedra. Venía superando todos los retos”.

Cuestionado por el alcance que puede tener su avance en la élite, el técnico de la cantera asegura que “como la mayoría de los chicos, el techo solo se lo marcan ellos, no se puede vislumbrar .Si son capaces con su esfuerzo y aceptando las exigencia del entrenamiento, los retos de cada temporada, tiene potencial para llegar y asentarse arriba. Va a depender de él. Durante este año en el que me he dedicado a la captación y han venido bastantes jugadores, como Javi Montoya o Sofian. No es ningún éxito personal mío. Es una cuestión de club, los firmamos para el Betis. Quiero que llegue el mayor número de futbolistas arriba. He sentido la misma alegría al ver debutar a Pibe que cuando lo hicieron Ignacio Abeledo o Pepelu”.

Una separación de sus raíces, de su familia, que le obligó a dar pasos de gigante en la consolidación de ese sueño que buscaba emular los pasos de su padre y de su abuelo, que jugó en el Racing de Avellaneda. “La familia me vino a ver a Pamplona. Mi madre estaba muy emocionada y lloró al verme cumplir un sueño. Ni siquiera me esperaba entrenar tan pronto con el primer equipo. Hice un buen entrenamiento y me siguió llamando Calderón. No me lo podía ni imaginar hace unos meses cuando llegué al Betis”.

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Una aparición en la élite balompédica que causó furor en Cambados, donde los amigos que aún conserva y los entrenadores que le vieron crecer, como Blas Charlín o David Paredes, alcanzaron el éxtasis pleno al ver a Pibe enfundarse la elástica verdiblanca. “Me llamó mucha gente desde mi pueblo. He recibido llamadas de muchas radios estos días. La gente está emocionada y orgullosa”.

Octavo canterano que debuta en la campaña 2013/2014, la fulgurante ascensión de Pibe, de carácter prudente y con una mentalidad digna de elogio, le coloca en la lanzadera para la próxima pretemporada, en la que la cantera jugará un papel primordial. “Me acuerdo estos días de todo lo que luché para llegar hasta aquí. Mi equipo es el División de Honor. Lo que me digan lo haré. A todos nos gustaría estar en el primer equipo. Primero veremos si hago la pretemporada”.

Ferviente admirador de Leo Messi, en el “que me fijo como argentino y porque es el mejor del mundo”, el cambadés entiende el fútbol como un sinónimo de felicidad: “Desde cadetes tenía la ilusión de llegar lo más alto posible. Cuando era pequeño solo jugaba para disfrutar. Ahora también lo hago, pero es algo que quiero conseguir”.

Diez meses en la factoría bética de instantes complicados, de añoranza tras toda una vida cerca de sus progenitores: “El principio fue un poco difícil por tener tan lejos la familia, hasta que me fui integrando poco a poco bien en el División de Honor. Se echa de menos a la familia, a los amigos, el salir con ellos. Es el sacrificio que hay que hacer para llegar arriba”. Si bien la adaptación a Sevilla y a su clima, lo que peor soporta el imberbe debutante, requirió de sacrificio, la convivencia con sus compañeros en la residencia fue determinante. “Mi padre me llama de vez en cuando, algunos tutores me animan así cuando estoy un poco mal. Eso fue al principio, pero me acostumbré y ya estoy mucho mejor”.

Reconocido seguidor de Boca Juniors, pocas personas pronuncian el nombre de Agustín cuando se refieren a su persona, prácticamente olvidado desde su aterrizaje en tierras hispanas. Una temporada a nivel personal muy positiva para este extremo zurdo que ya sueña con debutar en el Estadio Benito Villamarín y que guarda en la retina el gol que el pasado mes de diciembre le dio la victoria al conjunto de Gustavo Sánchez frente al Sevilla FC. El hijo de una cocinera cambadeda que emigró y encontró el amor en Buenos Aires, sabe que los ingredientes ideales para obtener la gloria los tiene en Los Bemejales, caladero donde surgen nombres como los de Dani Ceballos, Pedro o Pepelu, compañeros de Pibe en el equipo Juvenil de División de Honor y que ya tuvieron sus minutos de gloria en el ejercicio cerrado el pasado domingo. “La del Betis es una de las mejores canteras de España. Se está trabajando muy bien, se pueden subir muchos chavales arriba. Siempre que debutó uno se le animó. No hubo piques, todo lo contrario. Mis compañeros son grandes personas, se merecen también lo que les está pasando este año”.

El niño de Adrogué, invernadero en el que crecieron estrellas como Fernando Redondo o Carlos Peucelle, subcampeón con Argentina en el Mundial de 1930, se hizo mayor a base de tesón y de pulir su pasión, la que le lleva a reconocer que “no sé a qué me hubiera dedicado de no ser futbolista. Seguramente me sacaría el curso de entrenador o trabajaría en algo vinculado con el fútbol. Recuerdo cuando una profesora me dijo en el colegio que tenía que estudiar, que el fútbol no me iba a dar de comer. Desde entonces, sé que para llegar lejos en el fútbol también hay que estudiar duro”. Y al final, todo consiste en algo tan sencillo como ser feliz, en exprimir los momentos brillantes que da el fútbol. Ya lo decía Jorge Luis Borges, natural de Adrogué: “He cometido el peor pecado que uno puede cometer. No he sido feliz”. Lección que sirvió de inspiración a Pibe, el chico que llegó de Argentina para ser feliz dando patadas a un balón.

Fuente: http://realbetisbalompie.es/es/noticias/actualidad/2595/pibe-el-debut-fue-emocionante-algo-que-busque-dura

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